
Hay cosas que ningún algoritmo puede aprender por sí solo. Cosas que solo existen en la memoria de quien ha recorrido cientos de propiedades, abierto miles de puertas y aprendido a leer lo que no está en ninguna ficha técnica.
Ese pasaje que da al patio trasero, el que a simple vista parece una ventaja, pero que cualquier corredor con años de experiencia sabe que en invierno acumula humedad. Eso no está en los datos. No aparece en el precio por metro cuadrado ni en el historial de transacciones. Está en ti.
La realidad es que la IA ha llegado al rubro inmobiliario, al área comercial, al chat de nuestros clientes y sin darnos cuenta a la esencia de nuestras empresas, pues se ha vuelto en la herramienta por elección de primer contacto con nuestros clientes. Su atención rápida o “torpe” hace que nuestro cliente quiera hablar con un ejecutivo o pasar al siguiente. ¿Pero quien no se ha peleado con la IA? en el chat de una empresa, o con el Bot de atención al cliente, esto porque muchas empresas ven a la IA como algo que se tiene que conectar y tiene las respuestas.
Y ahí es exactamente donde muchos se equivocan cuando piensan en inteligencia artificial: creen que la IA llega sabiendo. Que basta con activarla para que empiece a trabajar sola, con todo el conocimiento del mundo. Pero la realidad es bastante más humilde que eso.
Una herramienta de inteligencia artificial es tan buena como la información que la alimenta. Si le das datos genéricos, te va a dar respuestas genéricas. Si la entrenas con tus conocimientos, tu visión y enfoque, se va pareciendo a ti. Y eso hace toda la diferencia.
Hay miles de ejemplos como el pasaje que huele a humedad, como la puerta que se hincha por estar al poniente y recibir todo el sol de tarde, o de los clientes que son estudio de mercado, que solo uno los reconoce por simples detalles en el tono de voz o en la insistencia en la visita. Son conocimientos que no se encuentran en ningún manual, que se construyeron visita a visita, negociación a negociación, y que hoy más que nunca hacen la diferencia entre el ejecutivo y la IA, lo que hace que el trabajo siempre sea complementario y potenciador.
La pregunta no es si usar o no usar inteligencia artificial. Esa discusión ya está bastante superada. La pregunta más interesante es cómo usarla de verdad: no como una caja negra a la que le haces preguntas y esperas respuestas mágicas, sino como una herramienta que entrenas, que corriges, que vas afinando con tu propio criterio. Y pueda generar una diferencia, que el cliente que tenga que interactuar con ella, se sienta atendido.
Por lo que, así como nadie espera que un ejecutivo nuevo llegue el primer día sabiendo todo, al entrenarlo lo acompañamos, lo corregimos, le enseñamos como se hacen las cosas en esta empresa, lo mismo con la IA, debemos entregarle tiempo y dedicación para sacar la mejor versión de nuestro ejecutivo IA.